Por Andrés Burgo, especial para LA GACETA

BUENOS AIRES.- Cosas del fútbol. Hacés bien la tarea en defensa durante 87 minutos, pero te descuidaste en una y volviste a casa sin nada. Sin un peso en el bolsillo; en bancarrota, sumando cuestiones negativas a una vitrina de dolores constantes en esta primera parte de la B Nacional.

El sabor de la victoria ante Merlo se esfumó tan rápido como una pinta helada y lista para tomarse en medio del desierto del Sahara. Ferro empujó a Atlético, no lo dominó pero sí le ganó. Por eso esta crónica volverá a apoyarse en un muro de lamentos y reveses.

No le sale nada al "decano", ni siquiera en la presentación oficial de Juan Manuel Llop en el sillón de mandamás y orientador. Del pe a pa,el partido tuvo menos onda que bandera de lata. Un bodrio de esos que traen migraña. Porque en 45?, salvo por un intento de la figura de Navarro y un remate pifiado de Longo, nada quedó en el tintero. Absolutamente nada.

Fue unos de esos duelos de mucha marca pegajosa donde los espacios nacen si aparece un mago y crea una fantasía tipo Disney. No fue Walt el hombre de la noche, sí un tal Sebastián Navarro, dueño de un perfil de jornada intrépido, asesino. Su consagración arrancó después de un despeje en defensa del visitante. Le sirvieron el balón desde la banda, giró hacia la zona de gatillo, levantó la mirada, se tomó un té del tiempo que le dieron para pensar qué hacer, y desenfundó. Bombazo con descenso garantizado al palo más lejano del arquero. Al ángulo, imposible siquiera de rasguñar por Ischuk: 1 a 0 favorable al dueño de casa.

Entre la decisión de González y el cierre del negocio del anfitrión había seis minutos de distancia. 360 segundos idénticos al resto de los 86? de disputa. Nada de nada. Derrota consumada, entonces.

Aclaración. Atlético cambió a diferencia del pasado. Se lo vio bien al grupo de entrega, sudando la gota gorda en cada cruce en esta fórmula 4-1-3-1 escrita con el puño de Juan Manuel. No entregó licencias, cuidó en demasía sus dominios, pero durmió en esa. En la que no debía. Y fue por retrasarse cuando el DT pedía salir a comer talones.